miércoles, 20 de junio de 2018

Brecha Digital


Actualmente, en Argentina, el 25,7% de la población es pobre.

Dejemos de lado los números y pensemos en los 1,087 millón de hogares y 7,8 millones de personas que ese porcentaje significa. Desempleo, hambre, frío, marginalidad. En casi todos los casos, los adultos no están presentes, cumpliendo con 2 o hasta 3 empleos para llevar al menos pan duro a sus hogares.

Pobreza va de la mano con analfabetización: Los adultos a cargo han terminado solo con la educación primaria, algunos educación secundaria pero no les ha servido de nada. Así,  la mayor parte de los niños y adolescentes de estas familias se ven forzados a abandonar el camino de la infancia y la escolaridad para comenzar a trabajar. Los pocos ¿afortunados? de seguir en el sistema escolar asisten a escuelas donde o los docentes no se preocupan por ellos, o no saben de qué manera actuar al encontrarse cara a cara con las causas y consecuencias de la pobreza.

No aprenden lo básico por estar pensando en su trabajo, en las horas de sueño que les fueron privadas, en la fantasía de una comida en sus estómagos, entre muchas otras problemáticas de sus jóvenes vidas. Entonces, si no pueden sumar o si quiera separar en sílabas, ¿cómo se los alfabetiza digitalmente? Hay que recordar también que muchas escuelas no cuentan siquiera con los recursos necesarios para desarrollar competencias tecnológicas.

Recordemos los puntos claves de la competencia tecnologica: Empleo, desarrollo personal, ciudadanía activa, inclusión social... 

No pueden conseguir un empleo ya que cuentan solo con conocimientos básicos o a veces hasta ninguno. Es peor ahora que la tecnología es una parte fundamental.

¿Inclusión social? Desde su infancia se puede ver como realmente es una exclusión, ya que no juegan con el juego de moda por no tener computadora, no saben sobre el novedoso programa de televisión porque no tienen cable (o televisión), no tienen teléfono celular, y así sucesivamente con millones de ejemplos de aparatos que hoy tienen un lugar privilegiado en la vida de los niños y adolescentes, creando extraordinarias brechas entre los que cuentan con recursos tecnológicos y los que no. 

Pero entonces, ¿qué pasa con esta gente? ¿Con su presente y futuro? ¿Dónde está el Estado? ¿Qué hace por ellos?

Acaso... ¿solo los que cuentan con dinero son los únicos capaces de formar parte de esta nueva sociedad tecnológica?

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